Nosotros

El Encanto Del Pasado, Mayka y German

Recuerdo visitar a mis abuelos en verano a la cueva en la que vivían en Almería.

Sí, literalmente vivían en una cueva excavada en la roca, cubierta por un manto de chumberas que cada primavera ofrecía sus frutos, delicados y bien protegidos.

Aquel hogar tenía algo difícil de explicar.

En invierno conservaba el calor.

En verano mantenía el fresco.

Era una arquitectura humilde, antigua y sabia. Una forma de habitar la tierra antes de que todo dependiera de máquinas, pantallas y materiales sin memoria.

Aunque vivir en una cueva también exigía cuidado.

Había que mantener sus paredes y techos curvos con atención constante. Había que encalar, reparar, vigilar la humedad, cerrar pequeñas grietas antes de que se abrieran demasiado. La casa sostenía el peso de la tierra, y la tierra siempre intentaba recuperar su espacio.

Mis abuelos cuidaban aquel hogar como algo valioso.

La cal blanca iluminaba las estancias y multiplicaba la poca luz que entraba. Los muebles oscuros, sólidos, de madera recia, estaban acompañados por recuerdos, fotografías y bordados hechos a mano por mi abuela.

Los sobrios muebles de madera oscura y recia, madera de verdad, no como la bazofia que tenemos actualmente en las grandes cadenas comerciales , estaban cuidadosamente decorados con recuerdos y bordados que mi abuela hacía a mano.

No era un lugar lujoso, pero estaba lleno de vida.

Verás

Mis abuelos marcharon hace muchos años, demasiados.

Y, por esas cosas que ocurren cuando una generación desaparece y otra no puede sostenerlo todo, la cueva dejó de recibir todo el cuidado que necesitaba.

Sucedió lo inevitable.

Las paredes se agrietaron. La arena empezó a entrar. Algunas piedras cayeron. La humedad avanzó. El tiempo, poco a poco, fue ocupando el espacio que antes había sido hogar.

La cueva sigue ahí, pero ya no es lo que fue.

Ahora es un lugar frágil, peligroso, lleno de recuerdos que solo pueden reconstruirse a través de la memoria: comidas, conversaciones, silencios, veranos, pérdidas, afectos y pequeños gestos que ya forman parte de una historia familiar.

Quizá El Encanto del Pasado empezó ahí, aunque entonces yo no lo supiera.

Somos Mayka y Germán.

Nuestras historias se entrelazan en cuevas blancas cavadas en la tierra, aunque no fue hasta el año 2000 que se cruzaron nuestros caminos para iniciar una vida conjunta.

Viajamos a lugares marcados por el tiempo para documentar lo que queda de ellos: su arquitectura, sus objetos, sus símbolos, sus documentos, sus nombres propios y las historias que todavía pueden reconstruirse.

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El Encanto Del Pasado

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